
Vergüenza de ser europea
A pocos días de la celebración del del Día Mundial contra el Racismo hemos
asistido con rabia a una de las mayores demostraciones, oficiales e
ignominiosas, de racismo institucional de los últimos tiempos: el pacto Unión
Europea-Turquía. Este acuerdo supone la utilización de Turquía para frenar la
llegada de las personas que huyen de la zona de Siria. Mediante una ecuación
perversa, se decide al mismo tiempo "acomodar" en Europa a algunas
personas mientras se rechaza a las demás, en una estrategia cuyo único objetivo
es "disuadir a la emigración irregular" (es decir, que la gente que
huye de la guerra se quede en su casa). La consigna es "que no pase nadie
más", como si de una invasión se tratara y no de personas que migran,
escapando de la muerte o por el motivo que sea. Para ello, se están instalado
ya campos de detención militarizados desde los que se efectuarán las
expulsiones. Demasiado recuerda todo esto a aquellos campos de concentración a
los que, entre otras, iban a parar aquellas personas que huían de la guerra
civil española.
En el colmo del cinismo, la UE ha instado además a Turquía a que "respete
los estándares más elevados en lo que respecta a democracia, estado de derecho
y respeto a las libertades fundamentales, incluyendo la libertad de
expresión", en relación a la incorporación de ésta en un futuro como país
miembro. Muestra insoportable de hipocresía, cuando la UE se erige hoy como un
exponente mundial en el incumpliminero de los derechos más básicos: asilo, refugio,
derecho a la vida en condiciones dignas y a la libre circulación. Más aún,
cuando cualquiera alcanza a entender que el motivo de que la UE deje en manos
de un país no europeo el manejo de estos sucios asuntos, es para no tener que
mancharse las manos.
A pesar de la indignación, no podemos decir que nos sorprenda esta medida. La
UE lleva años vulnerando sus propias leyes y declaraciones y pagando a
Marruecos (y al propio Estado español) para que sean sus perros guardianes y
les "controlen la inmigración" proveniente de África. Años
manteniendo unas políticas que llevan anualmente a la muerte a miles de
personas a las que se les obliga a cruzar las fronteras por medios clandestinos.
No nos sorprende nada ya, en un contexto en que el perímetro de esto que llaman
Europa se ha convertido en una concertina manchada de sangre y en un mar lleno
de cadáveres.
Parafraseando las palabras que Kattalin Miner publicaba recientemente en
Berria, si Europa me mata (a mí, tan blanca, tan poseedora de un pasaporte
español, tan de clase media) no lo hará probablemente ni de hambre ni de
frío,ni tampoco en una concertina. Me matará de vergüenza.
Por eso, para decirles que nos da vergüenza ser europeas, para mostrar muestra
repulsa ante este pacto, para declarar que no queremos sus muros, que no
queremos sus muertes, que ninguna persona es ilegal, que queremos un mundo
donde la gente pueda moverse libremente e instalarse donde quiera, que queremos
todos los derechos para todas las personas; salimos el sábado pasado a las
calles. Y seguiremos saliendo el tiempo que haga falta.
Tafalla 21/03/2016 Arrazakeria SOS Racismo
Nafarroa